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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Edificios con empatia

El título de esto que escribo es una expresión de deseo. Que los centros de reproducción asistida tanto públicos como privados sean empáticos, amables con sus pacientes. Siempre hablamos de la empatía de los humanos o la falta de ella en distintos momentos de los tratamientos pero hay otro tema que deciden los humanos y quizás pasa desapercibida porque el que diseña o decide cómo van a desenvolverse las personas en un edificio no conoce del tema.


Para explicarlo mejor, en centros y hospitales se juntan todos. Parejas que van a informarse, parejas en tratamiento, parejas embarazadísimas y hasta parejas con hijos recién nacidos. Hay de todo y todos se juntan en un mismo ambiente o en los mismos pasillos y el que diga que no tuvo sentimientos encontrados viendo las distintas situaciones, miente.

La situación ideal entonces sería que cada grupo tenga su edificio, o su ambiente, o hasta sus propios pasillos. Lo que planteo es una utopía, una situación perfecta y donde cada pareja estaría con otras parejas en el mismo punto de la “competencia”. Sé que es imposible organizar un edificio de ésa manera pero quizás alguno existe que tiene en cuenta lo que digo. Sólo los que paseamos por esos lugares sabemos lo que es, por ejemplo, ir a comenzar un segundo o tercer tratamiento y ver pasar embarazadas, por más positivamente que se trate de tomar el asunto.

Mi experiencia

Ya conté que fui a dos centros y ambos eran diferentes. El primero gozaba de la reputación de ser uno de los primeros en mi provincia y hacía gala de ello a cada paso en su sala de espera. Recortes de diarios de los éxitos lejanos con nacimientos múltiples por un lado y la publicidad gigante de la que en ése momento era una novedosa ecografía 4D. Para el que llega por primera vez es una invitación a la ilusión todo el decorado y suena hasta lógico, puro marketing. Pero para el que lleva 10 o 15  visitas y un par de golpes encima el decorado ya no le aporta nada a la ilusión, al contrario.

El otro centro tenía mínima referencia al tema, diría que era hasta sobrio y casi que si uno no supiera a qué iba allí ni se enteraba que hacíamos todos ahí sentados.

Pantalla que informa

La primera vez que tuve que “dejar una muestra” para saber si lo mío servía o no, fui a un lugar anexo al centro de reproducción y había una pantalla de tv con un powerpoint reproduciéndose eternamente lleno de información, en variedad y cantidad. Juro que allí vi más información que la que me dieron luego los propios médicos. Obviamente, no había otra cosa para ver mientras esperaba y, para ser sincero, tampoco daba para ponerse a hablar con los compañeros de espera. Es una situación muy extraña saber por qué estamos ahí y tratar de encontrar tema de conversación.

Para ir terminando hay un temita que viví en los dos centros en distintos momentos: la secretaría en recepción… embarazada! Estaría loco si pretendiera que pierda su trabajo o la reubiquen pero era raro el momento en que nos atendía la secretaría embarazada. Siempre me quedaba pensando si lo había logrado natural o si hizo uso de su lugar de trabajo J

Por último, estaría bueno que cuando a la consulta va la pareja sean llamados ambos a la cita. Es un detalle quizás, pero en ésta época tan feminista (bienvenida sea) sería justo llamar a ambos porque, digamos las cosas como son, el nombre del futuro papá no lo sabe nadie.

Escribí esto y dudo hasta último momento en publicarlo porque a veces parece que pensamos en cosas que a cualquier mortal le parecería una estupidez o una locura. Pero lo escribí habiendo leído a otras personas sufrir un poco o sentirse incómodo por esa falta de amabilidad de los edificios y su organización.

miércoles, 10 de octubre de 2018

La fuerza de las madrugadas

Tenía algo pendiente de lo que escribir y es de la fuerza, la indómita fuerza. Dicen los diccionarios que indómita refiere a algo que no se puede domar, que es difícil de someter, guiar o controlar. Quería escribir sobre ésa fuerza de la que echamos mano los infértiles para revertir ése diagnóstico, para darle lucha, para gritarle un sí a lo que es no.

Es claro que todos los seres humanos tenemos ésa fuerza innata de enfrentar las adversidades, con mayores o menores niveles de intensidad, incluso con mayor o menor consciencia de poseerla. Pero estoy convencido que lo nuestro es de otro nivel, casi que no es normal.

Muchos casos de infértiles superan cualquier intento de explicación lógica para entender cómo alguien puede recorrer tantas instancias físicas y mentales para lograr su objetivo.

Pero no sólo está la fuerza para intentarlo. La fuerza que nadie podrá explicar es la de volver a intentarlo cuando no resulta, incluso cuando las posibilidades de éxito no dan esperanzas ciertas y los miedos siempre se agrandan. De hecho, las certezas existen cuando hay un hijo en brazos, lo demás es empujar mil veces los límites conocidos y por conocer.

Un clásico de las cosas que se dicen a futuros padres en pleno embarazo es “aprovecha a dormir ahora porque después…”  Esa frase siempre me pareció una gran tontería porque no hay forma de acumular horas de sueño para equilibrar la falta de él después (sino seríamos osos ¿no?) Y siempre me llamó la atención la existencia de ésa fuerza para enfrentar noches sin dormir o dormir de a ratos que transcurren los padres nuevos. Claramente es el cuidado del niño y mil razones más que tienen que ver con el propio ser humano que lo hace sacar fuerzas de donde no hay para atender a quien no puede hacerlo por sí mismo.

Y siempre quise escribir o contar que me muero por pasar unas noches en vela cuidando un hijo. Lo bueno es que aún no sé si será por cambiar pañales, un dolor de panza o algún vómito de madrugada o porque ése hijo que vendrá tendrá su primer salida nocturna con amigos. Está por verse.

Yo no quiero saber de dónde sale la fuerza de las madrugadas en vela. Yo lo que quiero es vivirla en carne propia y que nadie me advierta lo mal que lo voy a pasar porque no, estarán equivocados. La pasaré mal porque quizás no sepa solucionar los llantos del hijo pero voy a sentir la fuerza indómita para estar ahí, para ser papá o intentarlo lo mejor posible.

Hace tiempo que hay días que no tengo fuerzas pero sé que el día que hagan falta ahí estarán. Si es necesario invocar a Thor o a Hulk lo haré. Nunca se sabe a qué superhéroe se puede recurrir para dormir un niño o qué cuento de princesas inventar para endulzar los sueños de una niña. O al revés, ¿quién sabe?

A los infértiles no nos digan que vamos a dormir poco o nada cuando nazca eso que tanto deseamos. Quizás ya tuvimos noches sin dormir… y sin bebés. Sin dormir por el deseo de tenerlo y por el dolor de no tenerlo.

Vayan a decirles a los padres “normales” ésa frase venida de inmemoriales tiempos de la humanidad. Si pasamos por lo que pasamos, con tanta cosa anormal tipo ciencia ficción rodeándonos, una madrugada sin dormir es lo de menos. Tendremos fuerza extra para estar despiertos porque será un sueño con los ojos bien abiertos.

martes, 4 de septiembre de 2018

Batirse a duelos

La semana pasada terminaba una sesión de análisis con mi psicóloga donde hablamos mucho del tema de la adopción cuando me comentaba algo que yo ya sabía pero no está mal recordarlo siempre, que el vínculo de los padres adoptivos y el niño adoptado es el encuentro de dos duelos. Ambos lados pasaron por un duelo, el niño transitó una historia de abandono, de no tener la familia con la que comenzó su vida y los que lo van a adoptar pasaron por el duelo de no haber podido procrear un hijo. Ambos tienen un trabajo enorme por delante, sanando esas heridas.


Cuando ejercía el periodismo el momento de elegir el título de una nota surgía de una búsqueda. En el título había que informar y despertar interés, con algo de creatividad. Cuando mi psicóloga planteo lo de los duelos automáticamente se me vino el título de lo que escribo hoy, “Batirse a duelos”


Claro está que a lo primero que les habrá recordado el título es a aquéllos western de los 60 o 70 con un John Wayne o Clint Eastwood parado en medio del pueblo frente al villano de turno listo para desenfundar y ser el más rápido del oeste. Pero no, me refiero a lo que escribí al principio, una familia por completarse y un niño que quiere una, dos duelos, sanados o en proceso de lograrlo, juntos. Lo de batirse claro que no se refiere a eliminar al otro, va en el sentido del batido, de la mezcla, de tomar ingredientes y lograr algo en común. Como en el verano cuando tomamos 2 o 3 frutas y las mezclamos para un batido. Ojalá se entienda lo que quiero decir J


Hace días renovamos nuestra inscripción en el registro de adopción, algo que hay que hacer anualmente y donde se da la oportunidad de cambiar, por ejemplo, la edad de la persona a adoptar. Hicimos el cambio de 12 años como máxima edad del niño a adoptar para ampliarla al máximo de 17 años. Por suerte no tuvimos mayores dudas en hacer ése cambio porque abre mayores posibilidades de adopción porque hace tiempo tenemos claro que no hay tantos niños pequeños para adoptar y sí, más grandes.


Personalmente sé que no es lo mismo un bebé de meses que un niño que ya vivió años, que ya entendió lo que le pasó y que creció dentro de un sistema con fallas por doquier. Pero me gusta el desafío porque quiero saber de él o ella (o en plural), quiero que me cuente todo lo que le dolió y todo lo que le ilusiona. Y yo contarle también todo. Curarnos esos duelos y salir adelante.


Hace poco participamos de un encuentro sobre adopción y de alguna manera destacaron nuestra amplitud con el tema de las edades del niño a adoptar. Y noté lo difícil que es para muchas parejas resignarse al bebé, a adoptar a alguien que sea lo más cercano en edad a un hijo propio recién nacido. Sería incapaz de juzgarlos porque entiendo lo que piensan y hay toda una historia respecto de la adopción que sin quererlo ata la idea de adoptar a que sea un bebé. Pero hay niños que esperan años una familia que a medida que crecen en edad disminuye el interés en ellos. Niños que, sin dudas, desean una familia más que un bebé porque son más conscientes de su historia. La necesidad es la misma pero el peso de lo que transitan va creciendo.


En ésa charla escuché a una mujer diciendo que le costaría mucho irse a dormir una noche y al día siguiente llevar a su hijo al jardín de infantes. Cada vez que lo recuerdo me vuelvo a reír de lo que hablamos con mi mujer al salir de la reunión cuando imaginábamos, en nuestro caso, irnos a dormir un día y al otro día tener fiesta de egresados del colegio secundario J


Como decía, no juzgo a nadie en su búsqueda, cada caso es un mundo y cada uno sabe lo que quiere. Sólo quiero dejar escrito que me alegra mucho tener asimilado que quiero adoptar a alguien que nos llene, que nos acompañe y acompañarlo, que nos completemos.


No sé bien cómo pero elegimos mirar hacia adelante, sin lamentar tiempos o etapas perdidas de ésa vida que llegue a casa. Habrá tiempo para reconstruirla pero sobre todo para construir juntos nuestra historia.

jueves, 19 de julio de 2018

No lo digas!

Cumplo por estas horas un año desde la primera entrada de éste blog y como no podía ser de otra manera lo voy a celebrar escribiendo, porque un año después sigo con ganas de hacerlo y aún quedan cosas sobre las que escribir.

Un tema que tenía pendiente era sobre las cosas que nos dicen a los infértiles y que NO deberían decirnos. Esas que, en su gran mayoría, el que las dice tiene la mejor de las intenciones aunque terminen generando el efecto contrario. Esas que, además, se dicen sin pensar, sin información, sin tacto, sin empatía. Ejemplos hay miles y estoy muy seguro que alguna que otra no estará en la lista así que los invito a hacer un post colaborativo también. Me dicen qué falta y lo agrego sin problemas. 

Cuando se trata de llegar al embarazo, casi todo el mundo cree saber qué se debe hacer, a saber:


Clásico de clásicos!

Como un River-Boca o un Madrid-Barcelona, el clásico de clásicos es… si si, el que ya todos sabemos! “Te tenés que relajar” La magia más absoluta, la solución contra la que la medicina más avanzada jamás va a poder: las vacaciones o la escapada más relajantes del universo hacen que haya embarazo. Increíble pero real.

Siempre existirá la historia del “hermano de una amiga de un compañero de trabajo” o similar que no podía quedar y lo logró, relajación mediante, eso sí. El asunto quedará zanjado si se deja de pensar en él y mejor nos dedicamos a pensar en un buen viaje. Como en toda regla no escrita, hay excepciones que la confirman por lo que contribuyen a que éste argumento sea el número uno del ranking.


Hablando más seriamente, creo que esto de la relajación tiene que ver con que el hecho de concebir un hijo debería ser algo relajado, sin contratiempos, hasta sin pensarlo demasiado. Y qué mejor, entonces, que hacerle la cartita a la cigüeña en una posada al lado del mar en Brasil o en el Caribe.

Ojalá fuera tan fácil señores/as! Si de relajarse y viajar dependiera el tan mentado “turismo reproductivo” sería otra cosa no?


Dios o el destino o viceversa (o ambos!)

“Quizás Dios tiene otra cosa pensada para vos, algo mejor” Bueno, bueno, bueno, si tiene algo mejor pensado que me lo vaya comunicando pero mientras tanto lo que quisiera es un hijo y, si fuera posible, sin tener que renegar demasiado. Vamos Dios (o la deidad o religión que sea)!! Yo tengo un deseo más o menos concreto, si además se te ocurre otra cosa, veremos J

Tampoco digan que Dios nos va a ayudar o similares. Nos ayudarán la ciencia y, al que le sirva y crea, lo ayudará rezar por supuesto.

La otra frase similar es “quizás tu destino sea no tener hijos” Parecerá increíble pero existe gente que la puede decir sin ponerse colorado. Y aclaro, puede ser que de no conseguirlo uno mismo asuma ese “destino” pero de ahí a que haya alguien que se lo diga a un infértil es injustificable y cruel, por supuesto.

También podemos incluir aquí “Llegará cuando tenga que llegar”. Y si, de frases hechas está lleno el mundo! O quizás suceda también que no llegue, como en mi caso. Todos tenemos la certeza hasta que ya no la tenemos.


¿No pensaron en adoptar?

Y… no. Son muy pocas las parejas que quieren adoptar antes de agotar hasta la última instancia de tratamientos de reproducción. Por supuesto que hay personas que lo deciden antes, aún antes de saber que tienen un problema de reproducción, pero son los menos.

Asi que no, la mayoría no lo piensa ni remotamente mientras haya opciones con sus propias armas.

Además, hay  casi un mito según el cual adoptar es tan fácil como ir a un hogar, tomar un niño a elección (preferentemente menor a un año) y salir por la puerta felices. Y les puedo asegurar que a un año también de habernos anotado para adoptar el camino está lejos de ser un lecho de rosas.


La consejera

Supongo que éste ítem se da entre mujeres solamente. Los hombres hablamos tan poco del tema que ni a aconsejar llegamos. La consejera que al enterarse de la infertilidad de amiga o pariente enseguida recuerda que tenía una conocida que no podía embarazarse e hizo tal o cual cosa, como si la solución fuera exactamente idéntica para todas. Ojala pero no!

Aquí interviene la liviandad de cerebro y rapidez de lengua de la consejera en cuestión que con tal de “apoyar” o “levantar el ánimo” o “minimizar el problema” echa mano de aquel caso del que se enteró y, obviamente, jamás supo mayores detalles tanto de diagnóstico como de solución. Total, si resulta se lleva los laureles del buen consejo.

Es necesario el acompañamiento y las palabras pero antes de opinar mejor informarse para poder ser útil. Muchas veces el silencio es salud.


Eres joven

Si de ser joven se tratara en lugar de hacer tratamientos estaríamos todos buscando la fuente de la eterna juventud. El problema de reproducción puede estar ahí a los 20, a los 30 y más tarde también. La diferencia es que la mayoría llega un poco tarde al diagnóstico y termina corriendo contra el reloj. Pero el argumento de que “eres joven” no le arreglará a nadie su problema reproductivo. Para lo único que puede servir es para verse un poco mejor al espejo quizás pero no es ningún consuelo. Por el contrario, ésa frase parece que pusiera a las agujas del reloj a andar más rápido, con toda la carga que el tiempo significa para nosotros.


Las noticias

No dejo de sentirme culpable cuando me siento mal con un embarazo cercano. Culpable por tener bronca, por recordar otra vez que para casi todo el mundo es fácil, por la tristeza que provoca. Todos tenemos el mismo sentimiento inevitablemente.

La buena noticia siempre se dice en voz alta, se comunica en las redes como corresponde y todos contentos.

Son pocos los que hacen uso de un cierto tacto para cuidar al que la pasa mal ante las buenas nuevas. Por eso es que muchos elegimos el aislamiento como ya escribí hace mucho titulando “El círculo cerrado”. No parece ser lo más sano pero hay días que no se soporta y sólo los que están en la lucha lo entenderán. No quiero saber de embarazos, ni bebés nuevos y menos que la recién nacida del trabajo lleve el mismo nombre que quería yo si hubiera tenido una hija.

Ojo, tampoco se trata de tenerle lástima al infértil. Se trata de tacto y empatía, cuidarlo un poco entendiendo que las noticias pueden golpear aunque mostremos una sonrisa más falsa y extraña que la de la Mona Lisa.


No es para tanto, hay cosas peores

Aquí y ahora, esto de la infertilidad es lo peor que puede pasar. Seguro antes o después uno pueda observar el problema con otra capacidad de análisis o los sentimientos que le provoque sean menores pero en el mientras tanto, en el momento de darle lucha, es lo peor que puede pasar. Simple, nadie tiene la medida del dolor de los demás.


“Comprate un perro” o “tiene el perro como si fuera el hijo”

Jamás de los jamases un animal podría reemplazar un hijo. Proponer criar una mascota que reemplace la crianza del hijo que no se tiene es una estupidez. Amo los animales y sé todo lo que me dan los que tengo en casa pero no reemplazan lo otro. En ambos casos es amor, pero bien distintos, en cuanto a lo que podemos darles a ellos como lo que ellos pueden darnos.


Infértil, no impotente ni poco hombre

Dejé para el final lo exclusivamente referido a los hombres. Tuve la “fortuna” de no haber escuchado a nadie decirme cosas que mejor no hubieran dicho. Pero en éste tiempo pude leer algunos “argumentos” que los hombres suelen soltar livianamente para referirse a otro que sufre infertilidad. Y no es casual que la mayoría relacione directamente la imposibilidad de tener hijos con algún problema de índole sexual. Así, muchos creen que el infértil “no tiene erecciones” (por decirlo de manera amable), que “no le gustan las mujeres”. Otros, sementales modelo siglo XIX o XX, se ofrecen como solución postulándose como “aportante” de aquello que al infértil le falla o le falta. Esto último me cuesta creer que alguien pueda decirlo o siquiera pensarlo pero es como con las brujas, que las hay, las hay.

Supe decirlo en otro post, los hombres suelen tomar más para la broma éstos temas. Por eso mismo es que se calla, por el temor al chiste fácil o a la burla disfrazada de frase buena onda. Quizás hasta nos falte seriedad para los temas importantes como ser infértil porque nos provoca miedo, el miedo paraliza y en el apuro sale decir cualquier cosa.


Se hizo eterno el post y seguro quedan frases por citar. Esto me gustaría que llegue a los fértiles, a los que no tienen problemas o a los que aún ni intentaron tener hijos. A familiares y amigos de infértiles. Para que todos sepan las cosas que no está bueno escuchar y la próxima vez que quieran decir algo a alguien con infertilidad se tomen unos preciosos segundos para luego ayudar y acompañar sin provocar más dolor o ganarse un merecido… adiós!

jueves, 5 de julio de 2018

Hablando de canciones

La música, siempre la música. Para los buenos y los malos momentos. Para bailar o esbozar una sonrisa o para hundirse del todo en momentos difíciles. Da la sensación que siempre habrá un tema escrito para un momento particular de la vida. ¿Quién no dijo o pensó alguna vez “éste tema lo hicieron para mi”?


Y hay temas que hace décadas escucho, de cuando ser papá era algo lejano pero también era algo que iba a pasar, porque la vida era así de fácil y estructurada no?

Lo raro es que los dos temas de los que voy a hablar siempre me provocaban cierta emoción, vaya a saber por qué, quizás los deseos a futuro o las letras. Y claramente a medida que fueron pasando los años, ya entrado en la batalla de la infertilidad, escucharlas a ambas eran y son un puñal clavado en las ilusiones. Más de una vez apagué la radio o desconecté los auriculares de un tirón aunque mentalmente la letra seguía corriendo, cruel, fijada en la memoria desde hace décadas.

La primera canción que recuerdo es "Era en abril" , del cantautor argentino Juan Carlos Baglietto. No hace falta mucho analizarla ni oírla un par de veces para entender de qué se trata. Un aborto, una pérdida en la última etapa de gestación, unos “pechos llenos de leche y dolor”. La letra es un mazazo y desde ya pido disculpas para aquellas/os que lean y escuchen por primera vez la canción. Es muy dura, lo sé.

Para mí, además, tiene un significado especial porque éste fue uno de los cantantes que me hizo escuchar por primera vez un viejo amigo a quien ya no tengo. No me hizo escuchar sólo ése tema por suerte y fue un amigo que me hizo descubrir a Queen por ejemplo así que le estaré por siempre agradecido por la buena música y la amistad, claro.

El otro tema es más “nuevo” aunque del siglo pasado (suena taaan viejo!! Jajaja) Lo canta Sergio Denis, un artista siempre más vinculado a lo romántico que tiene infinidad de hits en su carrera. Se llama “Gigante chiquito” y no es triste como el anterior pero siempre me produjo algo, por supuesto que hoy más.

La última vez que la escuché fue hace muy pocos días, previamente a la celebración del Día del Padre en Argentina. Es un tema que no dejan de pasar en la radio cada año para ésa fecha. Así que, inevitablemente, lo escucho. Incluso a veces logré hacerlo por completo.

“Mirame siempre a los ojos que en tus ojos me miro” dice una parte de la letra. Tantas cosas para decir de ésa frase que no me salen las palabras. Que linda ésa mirada, ésa identificación, ése sentirse reflejado en alguien.

Los sentimientos que se desprendan del resto de la letra se los dejo a cada uno de los que lean. A mí me cuesta escribir con estos ojos emocionados.

Seguro habrá muchos temas más que nos toquen de cerca a los infértiles. Yo mismo encontré otros en distintos momentos de mi vida aunque ninguno como estos dos que hace décadas me hacían sentir cosas profundas sin saber que años después lo serían todavía más.

Dejo las letras de ambas canciones y links a los videos.

Era en Abril

Juan Carlos Baglietto y Ana Belén (1982)

¿Sabes, hermano, lo triste que estoy?

Se me ha hecho vuelo de trinos y sangre la voz, se me ha hecho pedazos mi sueño mejor, se ha muerto mi niño, mi niño, hermano.

No pudo llenarse la boca de voz, apenas vacío el vientre de mi dulce amor.

Enorme y azul la vida se le dio y no pudo tomarla, no pudo tomarla de tan pequeño.

Yo le habia hecho una blanca canción del amor entre una nube y un pez volador; lo soñe corriendo, abrigado en sudor, las mejillas llenas, la mejillas llenas de sol y dulzor.

Era en abril el ritmo tibio de mi chiquito que danzaba, dentro del vientre un prado en flor era su lecho y el ombligo, y el ombligo, y el ombligo el sol...

No busques, hermano, el camino mejor, que ya tengo el alma muda de pedirle a Dios.

¿Qué hacemos ahora, mi dulzura y yo, con dos pechos llenos, con dos pechos llenos de leche y dolor?

Era en abril el ritmo tibio de mi chiquito que danzaba, dentro del vientre un prado en flor era su lecho

y el ombligo, y el ombligo, y el ombligo el sol...

Estamos pensando, sería mejor, el marcharnos tres, el marcharnos tres...que quedarnos dos...)

 

Gigante, chiquito

Sergio Denis (1999)

Amigo,

Querido,

Gigante,

Chiquito.

Cuánto amor,

Como te quiero hijo mío.

Mirame siempre a los ojos

Que en tus ojos me miro.

 
Amigo,

Querido,

Travieso,

Bandido.

Yo soñé

Y eras mi sueño, hijo mío.

(Estribillo)

Ayúdame

A entender la vida

A querer ser bueno

Ayúdame

A creerte siempre,

A escucharte siempre,

A entender.

Ayúdame

 
A pintar tu mundo,

De un amor profundo.

Ayúdame

A llenar la casa

De luz, de esperanza.

Ayúdame

(Estribillo)

Amigo,

Querido,

Tan tierno,

Tan mío.

Tan feliz

De que seamos amigos.

Llevame siempre en tu alma, que en tu alma me abrigo.

lunes, 11 de junio de 2018

La gestación subrogada y un agradecimiento

Si hay algo que aprendí en estos largos años buscando tener hijos (propios o como ahora, por adopción) es a modificar creencias, a entender cuestiones que de otra manera no lo hubiera hecho. Cada tanto leo eso que dice que las malas experiencias, las cosas malas, dejan enseñanzas. A la fuerza claro, pero las dejan, y se puede sacar de ellas cosas positivas.
Me propongo entonces decir que estoy muy a favor de la gestación subrogada y ojalá en breve sea legal en Argentina aunque ya distintos juzgados del país permiten anotar como propios a los hijos nacidos bajo ésta modalidad, aún sin ley que lo respalde.
También digo que, lamentablemente, hay mucha gente famosa hoy en día que han llevado a frivolizar ésta forma de ser padres. Muchos sin quererlo, pero otros mostrándola de tal manera que el resto de la gente que no entiende del tema termina condenándola. Famosos que “sponsorizan” desde el minuto cero toda la historia y corren la mirada de los demás hacia otras aristas menos importantes del tema. Famosos que viajan a EEUU a hacer todo porque, como sabemos, con dinero es más fácil (supuestamente).
Con la GS que estoy muy de acuerdo es con ésa donde una hermana, una amiga, alguien cercana, que sabe bien el sufrimiento de los que no lo logran ofrece su cuerpo para llevar un embarazo. Creo que pocas cosas más nobles que ésa podría ofrecer una persona, su cuerpo para ayudar a otros a ser padres.
Cuidado, no digo que sea fácil. Hay que cambiar y reconfigurar muchísimos pensamientos para entenderlo, para aceptarlo. Pero allí es donde entra lo que decía al comienzo, todo lo negativo que en general tiene la carrera infértil lo tiene de positivo en cuanto a aprender, a entender, a modificar, siempre con la mirada puesta en lo que deseamos. Es como el paso que hay que dar en cuanto a lo genético cuando los óvulos propios no sirven y hay que pasar a la ovodonación. Leo bastante seguido mujeres a las que se les acaba el mundo y la carrera si escuchan la palabra ovodonación. Y se entiende porque rompe con todo lo que traían como historia personal, la real y la imaginada. Otras que mueven al siguiente casillero sin mirar atrás y es común leer incluso que “se sacaron un peso de encima” al dejar atrás la lucha con los óvulos propios.
En fin, cada caso es un mundo! Y allí también hay algo que aprendí en estos años, a respetar la historia de cada infértil y sus decisiones y, sobre todo, a apoyar. Ahí en Twitter, en la #infertilpandy, hay apoyo de sobra. Lo digo por si alguien que lee todavía no conocía ése lugar que tanto ayuda a tantas (y ojala a tantos).
Pero lo que yo venía a escribir aquí es que tengo una hermana cinco años menor que es la madre de Jazmín, mi ahijada, ésa pequeña que me abraza bien fuerte cada vez que me ve y que tiene la edad que podría tener hoy un hijo mío de haberlo logrado. Siempre en twitter hablamos de la empatía y quiero decir que mi hermana guardó la noticia de su embarazo bastante tiempo y se encargó de que yo sea el primero en saberlo. Eso es empatía también
A lo que quiero llegar entonces es que mi hermana me ofreció, si fuera posible, ser la gestadora de mi hijo/a. Rechacé el ofrecimiento porque nuestro caso es de donación de óvulos y esperma y reiniciar los TRA no está en los planes, sobre todo a nivel económico.
Pero valía la pena contarlo aquí, dejarlo escrito para siempre como una forma de agradecimiento, por el sólo hecho de pensarlo y ofrecerse.

viernes, 11 de mayo de 2018

Morir un poco

Todos los que atravesamos éste problema de la infertilidad terminamos aprendiendo mucho, ya lo supe decir. Aun así, creo que todos hubiéramos preferido ser unos perfectos ignorantes de temas de reproducción asistida y ser felices padres ignorantes de taaaaanta y tan detallada información sobre cómo tener un bebé o al menos intentarlo. Iba a escribir “o al menos morir en el intento” pero suena muy fuerte, aunque no le hubiera venido mal al tema sobre el que quiero escribir hoy.

Para entrar en detalles, desde fines del año pasado asisto casi mensualmente a un especialista en osteopatía. Para el que no sepa de qué se trata la verdad que no sabría describirlo exactamente, es una mezcla de kinesiología con fisioterapia, trabajan puntos específicos del cuerpo con las manos y la verdad que es bastante beneficioso.


En la última visita allí, me tocó en suerte que me atienda el dueño del centro, que antes de poner manos a la obra se tomó media hora para charlar. Yo llegué allí buscando soluciones o paliativos para algunos síntomas que me acompañan desde hace un par de años relacionados a la ansiedad, los oídos tapados, algunos mareos, el cansancio físico y mental. Entonces el doctor comenzó a indagar más preocupado en mis razones emocionales que en las físicas.


Y por supuesto que surgió EL tema, nuestro tema queridos lectores. Y me comentó algo que no había leído antes ni había surgido en charla alguna, que ni había pensado. Me dijo que lo de la infertilidad, no poder ser padre, es morirse un poco, nos genera una “angustia de muerte”. Que el hombre desde tiempos muy muy lejanos, desde el comienzo bah, tiene como uno de sus “objetivos” procrear para continuar la especie y para verse perpetuado en su hijo, seguir vivo de alguna manera. Que si no lo logra es como morirse. Y resulta que nunca lo había pensado de ésta manera y me hizo reflexionar bastante.


A veces pienso en cómo puede afectar tanto el no poder tener hijos, cómo puede ser tan fuerte ése deseo, casi necesidad. Y lo cierto es que la respuesta estaba allí, o parte de ella. No sólo es un deseo propio, nos viene escrito y sellado desde miles de años pero supongo que no lo tenemos presente o directamente ni enterados estábamos. Igual, tranquilos, no le voy a echar toda la culpa a un Neanderthal por mis lágrimas de hombre infértil. Aun siento que ése deseo de ser padre y que algún día me digan papá es todo mío pero quizás era más fuerte de lo que creía culpa de ésos hombres milenarios que creían que si no tenían hijos se morían.


La verdad es que hoy difícilmente creamos en esas ideas pero más de una vez habremos dicho al aire o para nuestros adentros un “me quiero morir” ante los avatares del ser infértil, ante cada nuevo problema encontrado o cada negativo. Y en realidad creo que es lo que menos queremos, sino todo lo contrario, queremos vivir para dar vida o, como en nuestro caso, vivir para acompañar la vida de otro adoptándolo y brindándole un hogar, una familia.


El tema de la ansiedad también tiene raíces allá lejos y hace tiempo. Me gusta explicar a alguien que desconoce del tema que ansiedad y estrés tenemos todos desde hace miles de años porque es una respuesta básica del cuerpo ante una amenaza y tiene que decidir entre huir o luchar. El corazón se acelera, la sangre bombea más hacia brazos y piernas (por eso los mareos, porque sube menos al cerebro), los temblores, sudores, etc. El tema es que ésa programación mental y física era muy útil hace miles de años para luchar contra algún animal para comer o para correr huyendo de algún depredador. Hoy no hay tales amenazas salvo en situaciones puntuales pero hay miedos a los que el cuerpo reacciona igual (y equivocadamente, claro). Eso, resumidamente, aprendí en estos años de sufrir la ansiedad y luego de leer mucho para entenderla.


Volviendo a nuestro tema, si esos hombres peludos y de idioma inentendible se sentían morir por no tener un hijo hoy existen miles de otros hombres que muuuuchas veces también hablan un idioma tan inentendible como aquél, pero los de hoy son médicos y tenemos la suerte que existen y cada vez avanzan más y más para tratar de cumplirles el deseo a miles de personas. Me salió sin querer un pequeño agradecimiento a los que combaten la infertilidad.


Quiero decir que no sentí ésa angustia de muerte con la infertilidad. Angustia a secas claro que sí, junto a otros sentimientos que todos ya conocemos porque hicimos el recorrido tipo montaña rusa que significan los tratamientos, el antes, el durante y el después.


Así que vengo a afirmar que lejos estoy de morirme, ni un poco siquiera. Hoy existe la ciencia que antes no. Eso sólo debería alejarnos de la sensación de morirse y, por el contrario, agarrarnos fuerte a la esperanza.

viernes, 9 de marzo de 2018

Demasiada realidad (volver a soñar)

Esto escribí el 8 de Marzo en el transporte de vuelta a casa.
Siempre fue para mi un momento de relajación, de mirar la gente desde la ventanilla, muchas veces de mirar sin ver. Pero muchas otras de tomar una foto de un instante de alguien, imaginarme su historia, sus alegrías y sus penas.
Pero lo que haré ahora mismo es contar la serie de situaciones que me pasaron hace minutos, en el camino que va desde la puerta de salida del trabajo hasta la misma puerta del colectivo.
Hago 10 metros sintiendo el aire en la cara luego del encierro en la oficina y me interrumpe el paso un papá que quizás habia dejado a su esposa en la marcha del día de la mujer y él se quedó a cargo de los niños. Un hijo de la mano y otro en el cochecito. Les juro que ése hubiera sido yo, tal cual, la misma actitud, las mismas ganas. Fueron dos segundos de un espejo donde vi al yo que siempre imagine y no pude ser.
20 metros mas allá, dos veinteañeras embarazadas de unos 8 meses las dos, con enormes panzas. Por el parecido de ambas les aseguro que eran hermanas y que iban con su madre. Tan fácil y tan exacto iba a ser el tiempo para las dos??
Unos pasos mas y una pareja jugaba junto a sus dos hijos en un banco de la plaza. Las risotadas eran tantas y tan fuertes que llamaban la atención de otra pareja que miraban encantados la escena, como deseando estar en ése lugar de padre y madre felices. Los que miraban tenian menos de 20 años, los noté en ésa etapa de enamorados que aún no sabe de discusiones, malos ratos ni reveses. Recuerdo ahora que yo también fui de esos. Me extraño muchas veces.
Y no muchos metros más allá una abuela con dos nietos. Pocas imágenes más tiernas no?
Resumiendo, en 200 metros fue como ver una película repleta de escenas en las que me gustaría ser actor y sólo soy espectador. Fue como volver a ver una de esas que te deja pensando o te hace llorar.
Luego no pasó nada durante muchas cuadras. Bah, pasó lo de siempre, gente, bocinazos, la vida común. Pero al llegar a la Terminal me crucé con una nueva pareja, él empujaba la silla de ruedas de ella que lucía una remera que en su pecho decía "Girl Power", en furiosas letras rojas. Ambos reían.
Me sentí un idiota. Pensé en algo muy común que se da cuando vemos a alguien con un gran "problema" como ése y nos comparamos y nos auto preguntamos "¿de qué me quejo?"
Lo cierto es que no logro soltar toda esta mier.. Sé que debo soltarlo, por mi y por los demás. Por ella, la que está a mi lado.
Quiero volver a mirar por la ventana e imaginarme las cosas lindas que les pasan a los demás pero más aún quiero mirarme dentro e imaginarme las cosas lindas que, un día, me van a pasar a mi. Volver a soñar un poco..
Demasiada realidad últimamente.

jueves, 1 de febrero de 2018

Después de ver Coco...

Ni una lágrima. Vi LA película del momento (gracias a maneras non sanctas ja) una semana antes de verla en el cine, en 3D. Es decir, la vi dos veces en 7 días pero la primera vez, la que supuestamente debería emocionar más porque cuenta a su favor con el factor sorpresa, no lloré. Apenas un poco de emoción pero cero lágrimas.


Así que antes de la segunda oportunidad estuve algunos días preguntándome cómo, si toooodo el mundo contaba que salió llorando a mares luego de verla, a mí no me había emocionado tanto.


Yo, que me emocioné con Wall-E y con Ratatouille, con Coco nada.


En la abuela Coco podía ver tranquilamente a mi abuela que murió hace un par de años, las mismas arrugas, las mismas canas. Incluso, las mismas equivocaciones a la hora de nombrar a su nieto! Somos 9 nietos pero sólo 3 varones y aun así se confundía seguido. Ni hablar si sumábamos a los bisnietos (yo por suerte le ahorré una confusión más, los “beneficios” del infértil)


También podía ver algunas cosas de mi abuela descendiente de italianos de 80 y tantos años. Todo eso tan fuerte de la familia. 


Cuando en la peli se habla y se muestra tan profundamente a aquellos que, por el paso de los años, luego de 2 o 3 generaciones, son olvidados, no pude menos que pensar en los padres de ésa abuela. Aquellos que bajaron del barco que los traía de Italia huyendo de la guerra. Hace poco tiempo, un domingo de larga sobremesa de invierno, reconstruimos todo lo que pudimos su historia. Su padre vivía en un pueblo que, según pudimos determinar con mucho esfuerzo, hoy ya no es parte de Italia sino que es de algún país vecino, quizás Croacia. La nona Antonia (así la llamamos todos) aún cocina como los dioses! Lo comprobé sólo con el aroma hace unos días que fui a su casa y la encontré cocinando. Fue como ser chico de nuevo, puro aroma a comida de la nona.


Al comienzo de Coco se ven varios momentos de convivencia entre ella y su bisnieto. Debe haber pocas relaciones tan puras entre esas dos generaciones, una con todo por vivir y otra que ya vivió todo. Verlas es todo.


Fui por segunda vez, casi como buscando revancha. Me metí tan adentro, tan concentrado, disfrutándola como si la viera por primera vez. Y resulta que al final, en ése momento cumbre, tuve que hacer enormes esfuerzos para disimular las lágrimas cayendo entre los anteojos del 3D. Y como era difícil hacerlo las dejé caer nomás. Eso sí, me apuré en quitarme ésos anteojos y colocarme los que uso habitualmente antes que se prendieran las luces jaja. Que resistencia esto de que los hombres no lloran!


Así que al final sucedió, Coco me hizo llorar. Pero también me hizo ver lo importante de ser lo que uno siente, hay un mensaje muy fuerte en ése sentido y muy bien contado. La cultura de México además es perfecta para la historia.


Así que, resumiendo, vean Coco si aún no lo hicieron. Yo la vi dos veces y ya sé que la voy a ver varias veces más. En realidad, son muchas pelis de animación las que tengo guardadas para ver otra vez algún día, con algún pequeño/a en la sala de proyección.

miércoles, 24 de enero de 2018

Mi paso por los Centros de Reproducción Asistida

Muchos saben ya, si han leído el blog con regularidad y no sufren de algún problema de memoria (puede suceder) que los tratamientos los hicimos en dos centros de fertilización asistida distintos, MUY distintos. Antes de entrar en detalles, se sabe que mucho dependerá del resultado obtenido lo que podamos opinar o sentir respecto de un lugar. Dicho esto, vamos con el primer lugar.


Llegamos allí porque mi amigo más cercano hizo tratamiento y a la primera, embarazo. Un éxito! Que ingenuos e ilusos somos todos los infértiles cuando recién empezamos, creer que íbamos a  tener el mismo resultado si acudíamos al mismo lugar. Parece tan tonto visto a la distancia.


Volviendo a los tiempos de la ilusión, sacamos turno al azar, sin pedir un doctor en particular y ¿cuál nos tocó? Sí señor, el “dueño”, el mismísimo “the boss”. Para comenzar era perfecto, la sensación de que nada podía salir mal. Éste buen señor daría un par de órdenes, tocaría aquí y retocaría allá y todo listo! Les digo más, el doctor tenía un par de paredes con fotos y artículos de periódicos de alguna década atrás que daban cuenta de sus primeros éxitos (quintillizos incluídos, de cuando se transfería a lo pavote ja)


Al comienzo, la primera impresión, fue que el doctor-dueño tenía una cara de ojete (culo, de malhumor o cómo quieran llamarle) que asustaba. Lo habremos visto 10 o 15 veces a lo largo de los años y siempre tenía la sensación que se había olvidado la empatía o la buena onda en la mesita de luz ésa mañana. Además, era común cruzarlo en los pasillos antes que nos atienda y no registrarnos, no digo saludar, digo, nada. Y no dejen que les cuente que varias veces “olvidaba” lavarse los dientes… 😷


Eso sí, en las esperas veíamos a otras parejas y otros médicos y era todo sonrisas, al menos de los otros doctores. Las sonrisas de los pacientes, sabemos, dependían de cómo iba el tratamiento.


En ése lugar hicimos distintos tratamientos, de distintas complejidades, se encontraron fallas mías y de mi mujer. Pero nunca logramos nada concreto hasta que pegamos el portazo para cambiar de centro… y de aires.


En el otro se iluminó el camino, nos tocó un doctor que, oh casualidad, trabajaba en el otro lugar y se fue por “diferencias” con el dueño. Si si, ése mismo del que les contaba renglones arriba.


Nos tocó un doctor al que le sobraba la empatía y las ganas que al otro le faltaban. Logramos dos embarazos, llegamos al diagnóstico de trombofilia pero principalmente descubrimos que había muchas cosas que el anterior jamás investigó.


Quién sabe si es una estrategia de marketing que en estos tiempos se estudia al mínimo detalle ésas cosas, pero el doctor nos recibía y nos despedía con un abrazo, de esos que aflojan la tensión de cada consulta. Y siempre nos inyectaba una gran energía para seguir adelante.


Sabrán que a los dos embarazos les siguieron dos abortos. Y que íbamos por un tercero cuando la obra social, ateniéndose a la ley vigente, nos recordó que ya habíamos cubierto el máximo de 3 tratamientos de alta complejidad de por vida. Y allí es donde recuerdo (mal) a ése primer doctor que nos hizo “gastar” el primer tratamiento de alta complejidad siendo que de haber investigado más profundo hubiera sabido que no iba a resultar.


Volviendo al lugar bueno, un día pasó que nuestro doc no nos podía atender por un problema personal y nos tocó una doctora en reemplazo, nueva, con su recién obtenido posgrado o algo similar en una universidad yanqui (según mostraba el recién colgado cuadro en la pared). Y se ve que todavía la tenía afectada el jet lag o alguna otra cosa porque tuvimos que dictarle cada detalle de nuestro historial y prácticamente no tenía idea de lo nuestro. Y estábamos a días de una transferencia! Voy a decir lo que decimos todos los infértiles en ésas situaciones: Que bronca cuando crees que ya deberían tener claro tu caso y no, hay que recordarles todo, no sea cosa que se nos escape algo. Con lo que cuestan los errores en reproducción asistida!!


Y si digo que éste blog es para contar mi historia pero también para ayudar a otros quiero aprovechar el post para pedir encarecidamente que los médicos practiquen la empatía, la buena onda, el feeling. No digo que monten una fiesta cuando nos vean y tampoco que sepan de memoria cada caso porque ya sabemos que somos decenas a diario entrando y saliendo de los consultorios. Pero, por ejemplo, si uno tiene turno a las 11:30 sería genial que el turno anterior termine 15 minutos antes y en ése tiempo el especialista se dedique a revisar el próximo caso. No parece una idea muy novedosa la mía, lo sé, es lógica pura, es buena atención.


Y hablando de empatía, estamos hartos también de frases desubicadas, que duelen, a destiempo y varios detalles más. Entonces, así como los mismos centros recomiendan pasar por el psicólogo especialista en fertilidad a la hora del pre y el pos tratamiento también creo que los planteles médicos deberían hacer algo similar. Hay algo de lo que cada vez se habla más, de la educación emocional, de cómo manejar los momentos, qué decir y, sobre todo, qué no decir en determinados momentos. Eso sería de gran ayuda también.


Y otra cosa que surge cada tanto en las redes: que los centros traten de organizar los lugares para que las que no están embarazadas no vean embarazadas desbordando felicidad. Y para que las embarazadas un poco más centradas y comprensivas con las demás no tengan que esconder sus panzas para no hacerles mal a las que aún no lo logran, o lo perdieron por ejemplo. Seguro que para muchos lugares debe ser difícil organizarlo pero bueno, en el primer centro he visto desaparecer consultorios como si nada para hacer salas de espera por la cantidad de  gente que iba. Aún me pregunto dónde habrá ido a parar el urólogo que me operó de varicocele para mejorar algo que no mejoró. Atendía en ésa habitación que de un día para el otro pasó a ser sala de espera.

jueves, 4 de enero de 2018

Vicios, golpes, comidas y demás razones del infértil

Siempre en webs de diarios o revistas aparece algún informe sobre (in)fertilidad y los que no están en el tema, seguro pasan de largo, no sea cosa de tentar a la mala suerte leyendo ésas cosas que no son para mí (pensará el veinte/treintañero)

Pero nosotros, infértiles, entramos a cuanto informe circule por la web, sin reparar en la seriedad o no de los informes o estadísticas que plantee. Si habremos leído barbaridades que podríamos refutar desde el título hasta el punto final.

Y nunca falta el informe que titula “Los 5 motivos de la infertilidad masculina”. Aunque también hay notas de los 7 motivos, de los 9, 10 o la cantidad que el autor en cuestión haya podido consultar, certificar o… inventar. Porque convengamos que hay 4 o 5 motivos que los conocemos todos pero después es cuando alguno se pone creativo y empieza a inventar para desgracia de lectores e hipocondríacos.

Recuerdo la primera vez en el laboratorio para mi primer espermograma. Fui a informarme y salí informadísimo porque había cuadros y folletos en cualquier lugar al que mirara y, por si faltaran datos, un TV con un powerpoint lleno de pantallas con datos y estadísticas.

Recuerdo cuando salí preguntarme donde carajo metía el celular ahora  porque el dato principal que me había quedado era que el celular en el bolsillo delantero del pantalón era una de las posibles razones de infertilidad. “En el bolsillo trasero” pensé, pero dada mi falta de carne en mi partes traseras las radiaciones de la señal del móvil iban a traspasar a la zona en peligro sin ningún esfuerzo jaja. La preocupación no duró mucho, lo seguí guardando en el mismo lugar casi desafiando al destino.

Pero cada vez que leía alguna posible causa me daba por tratar de recordar o analizar si había hecho esto o aquello. Así, por ejemplo, tuve que hacer un rastreo mental de resultados inciertos en cuanto a la veracidad del recuerdo para tratar de encontrar cuándo fue que recibí un pelotazo en las zonas bajas jugando al fútbol. Era muy chico igual, no creo que sea éso. Pelotazo recibí en un ojo jugando al padel, pero no creo que tenga mucho que ver con no poder tener hijos ja!

¿La ropa interior apretada? Bueno, no es mi caso, la zunga no es lo mío definitivamente. Mejor todo un poco más suelto.

¿Habrá sido culpable de mi infertilidad las varias veces que en alguna cruzada de piernas me apreté mis partes con la posterior “coreografía” tratando de aliviar los dolores?

¿Habrá sido lo que como o lo que no como mejor dicho? Leí un informe que para mejorar la fertilidad hay que comer pescado y a mí no me gusta el pescado. En éste punto, sobre las comidas que sí y las que no para combatir la infertilidad se podría escribir otro libro.

Evitar las bebidas azucaradas dicen. Bueno, cuando era niño y quería irme a jugar tomaba el té sin azúcar y hoy uso edulcorante. Así que tacho ése punto en la checklist infértil.

¿Cigarrillo? NO; ¿Drogas? Menos; ¿Alcohol? Al mínimo por no decir nada. Ahí hay 3 causas que habitualmente se citan como causas de infertilidad en hombres y parecen bastante ciertas. Sin embargo, podría hacer una larga lista de personas cercanas o hasta famosos que consumen al menos una o las 3 cosas a la vez y andan teniendo hijos sin ningún problema. Cosas de la vida no?🤔

¡Estrés! Leí que el estrés puede producir infertilidad!!! ¿En serio? ¿Mayor estrés que no poder tener hijos? Esto es un loop, una inception o como se llame. Estrés por no poder tener hijos y no poder tener hijos por estrés.

Por si a alguien se le pasó, lo que yo tengo es Oligoastenoteratozoospermia. ¡27 letras! En ése trabalenguas dice que mis espermatozoides son pocos, de mala forma y poca movilidad. Lo de la cantidad no me animaría a imaginar por qué. En cuanto a lo de su mala forma debo decir que no soy precisamente un cuerpo perfecto así que lo que es en general, es en particular jaja

¿Lo de poca movilidad será porque nunca me gustó ir al gimnasio? ¡Vagos como el dueño! 😂

Quise tomarme un poco en broma algunas de las razones que todos hemos leído alguna vez. Lo que si noté en éste tiempo es que pareciera no estudiarse tanto a los hombres como sí se hace con las mujeres. A partir de eso es que, creo, al hablar de infertilidad la mirada queda puesta principalmente sobre la mujer y no tanto en el hombre, como si ellas fueran las únicas con problemas. Obviamente que hay especialistas del tema y se pueden hacer mejoras a partir de diagnósticos y estudios, de hecho yo pasé por una operación tratando de mejorar mi diagnóstico, aunque no resultó.

Seguiremos entonces leyendo de causas, de top ten, de los 10 mandamientos del hombre fértil y demás títulos de dudoso atractivo para leer. Y los leeremos y alguna que otra cosa probaremos. Eso es lo que pasa cuando se tiene un sueño y las ganas de pelear por él.